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Como un relajado paseo por una luminosa y solitaria playa; siempre que te atraigan esos paseos y esas playas.

La mala hija -2025- Pedro Martí

La mala hija se confina en una ciudad pequeña, Almansa. Aquí los que son distintos a los estándares sociales lo tienen difícil, como en cualquier otro lugar. Aquí la venganza, la mentira, las apariencias, el dinero, el falso amor conyugal, el abandono o el maltrato familiar atan los hilos de sus habitantes, como en cualquier otro lugar.

Una ciudad pequeña donde supuestamente no pasa nada, pero pasa todo. Pedro Martí la elige para crear la sensación de asfixia del lugar cerrado.

Un comienzo enigmático, inquietante, siniestro. Después vienen los primeros interrogatorios tras la desaparición de Belén Villalba. Se han anegado de mentiras, la capitán de la UCO Alma Ortega va a desenmascararlas todas a lo largo de estas, más que entretenidas, páginas.

Se desprecia, en general, la idea de amenidad asociada a obra literaria. Sin embargo, la distracción es un magnífico galardón, siempre que la calidad acompañe; es el caso en La mala hija. Leer acompaña los días de muchas personas, y los días se alzan distintos unos de otros, por eso necesitamos distintas lecturas para afrontarlos.

La guardiacivil Alma Ortega recibe la orden de trasladarse a Almansa para colaborar en el caso de una joven desaparecida. Nació allí y allí tendrá que colaborar con su hermana mayor, la teniente Paula Villaescusa, responsable del cuartel de la Benemérita. Portan apellidos diferentes pero son hijas del mismo padre, este será uno de los enigmas calientes que alientan la lectura. El trato entre las dos hermanas es frío, algo las distancia desde antiguo. Alma es una gran profesional, grandes dotes para la deducción y concienzuda en el proceso de la investigación; aunque también sufre alguna tara. Vive unos momentos duros en su vida y debe recibir ayuda psicológica. Un personaje complejo y creíble.

Casi todo el libro se circunscribe a esta comunidad albaceteña. Lo habitual es que las novelas policiacas se desarrollen en grandes urbes, de ahí la originalidad de La mala hija. Almansa se constituye como un microcosmos, calco del otro mayor que lo contiene.  Como en todas las pequeñas poblaciones, tampoco en ella hay secretos en la filiación de nadie; todos son hijos, hermanos, primos o sobrinos de algún conocido. Alma es hija de Tere la de la mercería, como se la identifica aquí. Pero no se conoce ni a todos ni todo,    detrás de cada puerta queda mucho oculto, incluso en la casa propia: “En Almansa, como en todas partes, hay monstruos”.

Entre los personajes, muchos jóvenes. Aparecen vulnerables, sufren los desórdenes, la incomunicación, el maltrato en y con sus familias. Los hay que arrastran también el duro fardo del que es distinto en un universo que valora solo lo homogéneo.

Pedro Martí sabe generar una conexión emocional con sus personajes. 

Se va deslizando una trama compacta, muy bien construida, hilos bien trabados que forman un sólido tapiz, con detalles, muchos detalles -casi todos verosímiles- que animan a la inmersión lectora. Fácil de seguir para el que aborda estas páginas, no aparecen disquisiciones inútiles, aunque sí alguna reflexión ligada a nuestras vidas en esta sociedad; la novela policiaca es un retrato de la realidad que nos rodea. La historia tiene buen ritmo, crece con los cambios de focalización del narrador en escenas retrospectivas, con los diálogos entre los diferentes personajes que aportan contenidos nuevos. Hay anticipaciones que generan suspense, igual que los finales en alto de los diferentes capítulos. Se enriquece la intriga con giros inesperados y tiene al azar como invitado estelar. También nos deja pequeños guiños a grandes autores de novela negra, a través de una Lisbeth Salander manchega o un reflejo del Duelo a garrotazos de Goya. Todo contribuye a matizar el escenario de la novela.

Pedro Martí conoce la teoría sobre la novela negra y la lleva a la práctica.

Sin embargo, en los capítulos finales, sobre todo, el autor exhibe ciertas concesiones a una escritura más facilona, como la recuperación milagrosa de una enferma o el nada creíble desenlace cuando se meten en la guarida de los malos. 

Al mirar la portada la primera impresión que te causa la figura femenina representada es de cierto rechazo, un ojo enorme en una cabeza pequeñita. Cuando te detienes un poco, ves que el tamaño del ojo se debe a que nos observa detrás de una lupa. Se trata de una mirada azul, desvalida y triste. Nos mira apenada y atenta, quizás reprochando que también nosotros dejemos de lado al distinto, al que no es como la mayoría. Ahora saltas al título y te preguntas si quizás todas las malas hijas que aparecen en la novela no son también seres diferentes que hay que aprender a aceptar, a valorar.

Verónica, la hermana mayor de Belén es discapacitada. Un neurólogo que visitó la familia les pidió que se fijaran más en lo que podía hacer y no tanto en lo que no podía. El médico les pidió que anotasen sus habilidades, la madre solo pudo escribir hasta cinco, la hermana pequeña escribió muchas más. Belén sí la comprendía. Verónica es una de las malas hijas del texto.

……………………..

Como en muchas otras novelas policiacas, aquí se consigue al final restablecer el orden roto con el crimen. Eso la hace muy atractiva. En la investigación se van desplegando datos sueltos, algunos no dicen nada al principio, pero la intuición de la detective los va convirtiendo en sólidos ladrillos que al final serán el muro que vemos al cierre, construido para detener el mal.

 

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