Tatá -2024- Valérie Perrin
“- Son una locura todos estos misterios que encerraba.
- A mí me gusta. No hay mucha gente que deje casetes y misterios antes de morir. Eso significa que Coco no era como las demás.”
No, Coco no era como las demás, entre otras cosas, porque murió dos veces.
Ana y su madre, Agnès, protagonista de la historia, mantienen este dialogo hacia el final de la novela, cuando ya han descubierto una mujer rebosante de amor y fortaleza, detrás de la tía sencilla y transparente que creían conocer.
Abrimos la novela, 2010, Agnès recibe, en su casa de París, una llamada de la policía de Gueugnon para comunicarle la muerte de su tía Colette. Solicitan su intervención en la identificación del cuerpo. Gran sorpresa, según ella su tía llevaba muerta tres años y reposaba, eso creía la sobrina, en el cementerio de esa ciudad de Borgoña.
La novela despega con fuerza. Si no es Colette, ¿quién ocupa la tumba que lleva su nombre?
Unas quinientas páginas, y sabremos los múltiples y fecundos enigmas que construyeron el mundo familiar y personal de la diminuta Colette, la dueña eterna de la vieja zapatería, la mayor hincha del equipo de fútbol de su ciudad. Un punto negro en la obra es la cantidad de temas que pretende pulsar. Desde los abusos infantiles a la violencia de género, con los traumas en menores, los nazis y sus maldades, el alcoholismo y, lo peor, unos romances con final feliz, que aportan poco a la trama, quizás solo pretenden ser una nata optimista por parte de la autora. Una novela necesita poda.
Agnès va a ahondar en los extremos más profundos de sus orígenes de la mano de su nueva tía, que le insufla el brío necesario para volver a poner a flote su propia vida.
La sobrina de Colette es una afamada directora de cine en momentos bajos, ronda la cuarentena, tiene una hija adolescente y se acaba de divorciar, pero no termina de aceptar la nueva situación. La llamada desde la comisaría de Gueugnon la lleva hasta la ciudad de su infancia y adolescencia. Allí se reencuentra con sus amigos de ayer, que Valérie Perrin ha dibujado demasiado próximos. La autora no parece haber calibrado todo lo que el tiempo ha podido erosionar en su relación. Al llegar recibe una maleta llena de cintas de casete, que su tía ha dejado grabadas para ella. En ellas se aloja la otra tía Colette, señora de un amor que rompía barreras, de una amistad que los años no doblegaban, de las relaciones familiares más extremas y de esos otros lazos que no une la sangre, pero que tienen toda su fuerza.
“Pero ¿hasta dónde va a llegar el descubrimiento de Colette, que yo creía que carecía de misterios, de historia? Una vida que pensaba que era simple y lineal, marcada por los partidos del fútbol del sábado o el domingo.”
Las palabras vivas de Colette van despertando a otra Agnès, que quizás ella misma ignoraba que existía.
Colette es lo que se conoce como un personaje invisible en las novelas, ella solo aparece a través de testimonios de otros, de recuerdos y de unas confidencias grabadas. Se convierte, sin embargo, en alguien que activa, que mueve las acciones de la protagonista y de muchos de los que la rodean en la historia.
La voz de su tía combinada con el testimonio de la propia sobrina, unidos a una narración omnisciente en tercera persona, van componiendo un cosmos familiar tan atractivo, como inverosímil en algunos momentos. Otra parte importante en la narración está compuesta por el guion que la cineasta ha comenzado a escribir sobre su madre y que termina transformado en una novela, de título Tatá, la que nosotros estamos leyendo. Valérie Perrin se adentra hasta muchos años atrás de esa fecha de 2010, rompiendo la cronología lineal para construir su ficción. Los datos van surgiendo como en esos juegos de puntos numerados de las páginas de entretenimientos, que al final unidos todos de manera correlativa dan un dibujo: la historia completa, construida de una forma algo mecánica, con más técnica que vida.
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Esta novela brilla, pero hay que tener muy en cuenta que el brillo no es único, lo asociamos con materiales tan diversos como el diamante o la purpurina. Este texto se parece más a esto segundo. No le quita valor en absoluto. Es una novela amena, asequible; de tumbona. Perfecta para un determinado momento en el que necesitamos entretenimiento y dejarnos envolver por la ficción.