Pasar al contenido principal
En el pachinko como en la vida tú apuestas, pero nunca ganas.

Pachinko -2018-Min Jin Lee

Varias generaciones de una familia coreana transitan estas páginas, la mayoría de sus miembros nacieron y crecieron en Japón, son zainichi.

Una novela atravesada por una metáfora enraizada en el pachinko, en la vida como en este juego de azar siempre gana la casa.

Leemos la huella de varias generaciones de una familia coreana viviendo en Japón, durante el periodo colonial, las guerras que se sufrieron y un periodo, ya en los setenta, duro, de falsa prosperidad para ellos; porque podrán ser adinerados, pero seguirán siendo socialmente despreciados por los japoneses.

Histórica y costumbrista, se extiende a lo largo de setenta y nueve años, desde 1910 hasta 1989. Se va posando en hechos relevantes de la historia reciente de Corea y Japón. Por detrás se extiende un fresco que nos muestra, de manera detallada, escenas de la vida diaria de este grupo humano; desde sus pesadumbres y sus anhelos hasta sus hábitos de comida, vestidos, rutinas, creencias y tradiciones; con las transformaciones que el tiempo ha originado.

Sunja, la protagonista principal, nos arrastra en su estela a lo largo de estas quinientas páginas. Nació en una pequeña aldea al sureste de Corea, junto a la ciudad portuaria de Busan. Solo tenía trece años cuando la muerte la separó de su amado padre. Tuvo que trabajar duro ­-como iba a hacer toda su vida- junto a su madre para sacar adelante el pequeño hospedaje que era su casa y el sustento.

Conoció a Koh Hansu. En su vida él iba a convertirse una presencia inagotable, ángel de la guarda y mancha de duelo; luz y sombra. Quizás el personaje más novelesco, que alimenta esta ficción para que sea algo más que una crónica.

Con su marido Isak, Sunja se trasladó a Osaka. Fueron los primeros zainichi de la familia. Así se designaba a los coreanos que habían emigrado a Japón durante la época colonial y a sus descendientes. Era un término poco acertado -según escribe la autora- porque literalmente significa extranjero que reside en Japón, lo que supone un sinsentido ya que muchas veces eran nacidos en el país nipón. “Tú naciste aquí. ¡No eres extranjero! Es una locura. Tu padre nació aquí. ¿Por qué tenéis pasaportes surcoreanos?” Así se quejaba en uno de los capítulos finales Phoebe, la pareja de un nieto de Sunja, coreanoamericana, que se me antoja muy próxima en el pensamiento a la autora, coreana y afincada en Estados Unidos.

En Japón Sunja y su esposo compartirían casa -diminuta- con Yoseb, hermano del marido, y su esposa Kyunghee. Las estrecheces no les iban a importar demasiado, eran familia, y se iban a ayudar siempre. Algo envidiable desde nuestra óptica de pobladores de pequeñas burbujas. Phoebe comparaba su familia americana con esta, era como si cada miembro “estuviera orgánicamente enlazado a un único cuerpo, sin costuras […]

Como todos los coreanos en Japón, iban a sufrir la discriminación legal y, sobre todo, social de los japoneses. Eran tratados como apestados, vivían en los peores lugares, tenían los trabajos que los autóctonos no querían. Esto, en cierta medida, suena muy cercano a lo que podemos vivir hoy en muchos países europeos con determinadas nacionalidades emigrantes.

Palpamos sus penalidades, nos sentimos testigos de su esfuerzo para sobrevivir. Sunja y su cuñada representan a todas las mujeres, entregadas a los demás, obedientes a los esposos, nunca saborearán el asueto; prácticamente anuladas. Avanzando en el tiempo veremos cambios entre las féminas de la familia.

El destino de la mujer es sufrir. Curiosamente esa afirmación es compartida por la madre de Sunja y por una señora japonesa de su edad. Pero en poco más coincidían las mujeres coreanas con las japonesas que aparecen en la novela, estas últimas instaladas en su condición de superioridad. Sunja lo rechazará para sus descendientes.

La voluntad de esta mujer llevó a sus hijos a la escuela, creía que solo ahí podrían encontrar un futuro nuevo, pero solo encontraron burlas y maldades. Noa, el hijo mayor, pensaba que si era el mejor conseguiría vivir como un japonés; no fue así. Su hermano Mosazu, quizás más objetivo, comprendió pronto que nunca los iban a dejar integrarse y se dedicó  al negocio del pachinko. Un juego muy popular entre los japoneses (que iban allí a burlar su soledad), pero casi todos los salones de juego estaban regentados por coreanos. Estos tenían ahí su tope de prosperidad. Las máquinas alimentaban la ilusión de los apostantes, pero siempre ganaba la casa. De la misma manera los zainichi tenían la ilusión de llegar a ser como los japoneses, pero eso jamás sucedería.

Japón no sale muy bien parado en el retrato que le hace la autora. Mucha soledad, falta de comunicación en las familias, homofobia. Estados Unidos surge como el espacio donde valoran la mezcla de culturas, donde uno puede hacerse a sí mismo sin barreras. Puede que esto sea solo una quimera de la autora.

La novela, al recorrer momentos de la historia de Japón y Corea, recorre también nuestro presente y pasado. Muchos han sido los países colonizadores en nuestro entorno, todos igualados en la soberbia y el desprecio del otro.

En las últimas páginas, Sunja se alegra de que su nieto ya no tenga que pelear por tener comida suficiente o preocuparse por una guerra o por encontrar un refugio, como hizo ella. Sin embargo pocas cosas han cambiado con los años, a pesar de las mejores condiciones de vida.

“Mosazu pensaba que la vida era como aquel juego donde el jugador podía ajustar las patillas pero también esperar la incertidumbre de los factores que no podía controlar.” En la vida también puedes jugar tus bazas, pero el elemento incontrolable siempre estará ahí. No obstante hay que seguir en el juego, porque eso es vivir. Es lo que dice Musazu a su amigo japonés Haruki.

Añadir nuevo comentario

HTML Restringido

  • Puede alinear imágenes (data-align="center") pero también videos, citas, y demás.
  • No sólo puede subtitular imágenes (data-caption="Text"), sino también videos, blockquotes, y mucho más.

Entradas recientes

Sobre mí

Me siento a gusto entre libros, por eso me decidí a crear esta web. Solo pretendo aquí convertir en palabras ciertas sugerencias que me ofrecen algunos de los libros que leo.