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Cuando estamos desinformados, caminamos a ciegas.

El maestro Juan Martínez que estaba allí -1934- Manuel Chaves Nogales

ALLI es Constantinopla, cuarenta días antes de que estallara la Primera Guerra Mundial; es Bulgaria, Rumanía, la Rusia de los zares, la de la Revolución; es Odesa o Kiev en plena guerra civil entre soldados zaristas y bolcheviques.

El maestro Juan Martínez ha pisado todos estos lugares y nos sirve los detalles en una primera persona, que arranca en el que lee una confortable sensación de cercanía.

En las dos primeras páginas del libro el autor vierte unos leves trazos sobre Juan Martínez y las circunstancias que traía aparejadas. Escribe en París, donde se va haciendo viejo este amigo suyo, ya tiene cuarenta y tres años: “Un flamenco, de Burgos, bailarín.” Aclara. Hacía veinte años que había llegado hasta la capital francesa (“mocito chulapo de pañuelo de seda al cuello, hongo y pantalón abotinado”) en compañía de Sole, a la que arrancó de su tierra, enamorándola, “una moza de pueblo, alegre y bonita como una onza de oro.” El maestro le enseñó a bailar el arte clásico de la bata de cola, y se tiraron al mundo para ganarse la vida como artistas, o como lo que fuera menester.

En Pigalle en 2014 un empresario de Constantinopla quiso contratarlos para bailar flamenco en Turquía. “Preguntaron hacia dónde caía Turquía, averiguaron el valor de las piastras” y hacia allí se dirigieron desde Marsella. Llegaron poco antes de que la Primera Guerra Mundial ensombreciera el mundo.

A partir de ese punto es el propio Martínez el que va ensartando, en un hilo largo, el cuento de todos esos lugares por los que la vida los fue remolcando. Saltaban de un sitio a otro intentando burlar el enfrentamiento bélico. Sorteando muchos aprietos salieron de Turquía por el lado de Bulgaria, la atravesaron de prisa mortificados por los sinsabores de la guerra; llegaron a Rumanía, de donde se zafaron en cuanto el país se adhirió al conflicto.

Ahora el destino era Rusia, allí también golpeaba la contienda, pero era territorio extenso y estaban seguros de poder esquivarla.

Pero no fue así, los enfrentamientos los iban a perseguir, los iban a engullir.

De la sinrazón de la Primera Guerra, de sus arbitrariedades, calamidades y muertes transitan hacia el sinsentido de los primeros momentos de la Revolución Soviética y de la guerra civil que arruinaba Ucrania.

“Caminando hacia Novaia Derevnia me enteré de que en algunas calles mandaban todavía los guardias del zar; en otras mandaban los revolucionarios, y en otras ni Dios sabía ya quiénes mandaban.”

A veces el camino elegido para dejar atrás aquella ratonera no fue el mejor. ¿Eran juguetes del azar o del propio Chaves Nogales, que los empujaba hacia donde a él le convenía?

Juan Martínez es en realidad un instrumento en manos del autor, es una creación literaria construida por el cronista para ubicarse en los lugares de su interés y analizarlos. Chaves Nogales se vale de los ojos del maestro para mostrarnos a los lectores una realidad. Le interesa llamar nuestra atención sobre los lugares y los eventos que determinaban y movían la vida de la gente.  

El autor sevillano llevaba atado a su pluma a un periodista persuadido de que había que acercarse a los espacios donde crecían los acontecimientos y estrujarlos, después de libar los sentimientos de las gentes que los vivían. El último paso era mudarlos en palabras hasta el papel de sus crónicas.

El fin último era esparcir la verdad desde el enclave. Por eso el ALLÍ del título no solo se refiere al maestro, también a Chaves Nogales, que en el fondo era también Juan Martínez.

La desinformación nos hace vulnerables, aparenta ser un emblema chaviano.

Juan Martínez alberga trazas de personaje picaresco. Simpático, divertido muchas veces, certero, nos irá contando con cierta ironía lo que veía, en un relato lineal, sin recuerdos íntimos. Es como una cámara, la cámara de Chaves, que lo creó, seguro, con la personalidad y las vivencias de muchos hombres y mujeres que conoció. 

En varias ocasiones repite el maestro que él de política no habla, pero los lectores sí leemos política. De sus descripciones nosotros entresacamos los retratos psicológicos de los actores de los hechos. Descubrimos a las verdaderas víctimas, siempre las mismas en todo conflicto y lugar; los más modestos, los que siempre van a necesitar un estado protector.

Sole, la compañera en la sombra, no tiene voz, pero es un personaje con una presencia relevante. Simboliza a la mujer de aquellos momentos, siempre en un segundo plano. Muchas veces es ella la que dirige el rumbo de la pareja, aunque él es el que figura. El hombre encuentra los nuevos contratos, busca el sustento en la escasez, pelea por los dos... En algún momento tienes la impresión de estar leyendo una novela de aventuras, aunque son más numerosas las calamidades vividas que sus andanzas. La situación puede empeorar  siempre.   

Las juergas y el champan venían a su encuentro, tras su trabajo en los lugares de ocio, donde se refugiaban el dinero y los antiguos poderosos. Los nuevos tampoco renunciaban a la diversión. Pero también conoció la angustia, se tuvo que plegar a las largas colas, se reinventó una y otra vez para sobrevivir entre las normas, muchas veces absurdas, que llegaban.

Cierto humor y cierta ironía entrechocan con la desazón. Cuando se pregunta por qué triunfaron los bolcheviques, la respuesta es inesperada. No es que se creyera que los rojos eran mejores, es que estos pasaban hambre como la población civil y los zaristas no. “Se estableció, pues, una solidaridad de hambrientos entre la población civil y los guardias rojos. […] Y así triunfó el bolchevismo. El que diga otra cosa miente; o no estuvo allí, o no se enteró de cómo iba la vida.”

Desde su presente se pregunta desolado cómo pudo ver la hambruna mortal de la posguerra ucraniana sin reaccionar, absorbido por acallar su propia necesidad. Un claro ataque de Chaves Nogales contra la individualidad egoísta que aquejaba al mundo; y que lo aqueja aún hoy.

Chaves Nogales se atrevió a dudar de las bondades de una revolución que la intelectualidad europea aclamaba.

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